Entrevista Hernan Valobra

Hernán Valobra es licenciado en Trabajo Social. Ha sido Educador y actualmente es coordinador del Programa de Educadores Familiares. Tiene más de 20 años de experiencia laboral en el ámbito social, siempre relacionado con proyectos de infancia y familia.

 

-          De forma resumida, en qué consiste el trabajo de un educador familiar.

Es un trabajo socioeducativo en el domicilio, con la finalidad de mejorar las capacidades parentales de los padres, disminuir los indicadores de riesgo en los niños y diagnosticar posibles negligencias parentales que dificulten gravemente el desarrollo de los menores.

Se parte de la vinculación con la familia para establecer una relación pedagógica, que facilite a la familia ser el principal protagonista de un proceso de cambio, que repercuta positivamente en la calidad de vida de sus hijos.

 

-          ¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrentan las familias con hijos que trabajáis desde el programa?

Por lo generar suelen ser familias multiproblematicas, donde las principales carencias están relacionadas con condicionamientos históricos-estructurales. Solemos encontrarnos con padres que han sufrido una infancia plagada de privaciones y negligencias. Partiendo de situaciones de pobreza, aislamiento social, abandono, falta de afecto, abusos físicos y psicológicos, falta de normas, límites y rutinas, conflictos crónicos de pareja, problemas de salud mental, falta de modelos positivos, invisibilidad social, estigmatización, etc.

También nos encontramos con recurrentes problemas de relación entre padres e hijos adolescentes, en familias que no sufren exclusión social pero que han cronificado conductas disruptivas que no tenían visibilidad social en la infancia.

-          El educador familiar es un profesional que trabaja en el domicilio del usuario. ¿Qué implicaciones tiene entrar en la casa ajena y trabajar desde allí?

Lo primero a tener en cuenta es el desgaste emocional que implica entrar en la intimidad de una familia con adultos y niños muy dañados emocionalmente. La sinceridad, evitar el paternalismo, respetar el tiempo de cada uno y el esfuerzo por rescatar las potencialidades "adormecidas" son las mejores herramientas para ser muy respetuosos de los siempre distintos procesos de cambio y al mismo tiempo tener efectividad.

Además de la implicación emocional, es fundamental volcar mucha energía en la intervención para motivar y positivar las distintas realidades que nos encontramos. En el 90 % de los casos estamos  ante una visión social y propia de invalidación y negatividad.

-           ¿Cuáles son las principales dificultades que os encontráis en el trabajo?

Desgraciadamente en algunos casos la intervención de profesionales está plagada de inconsistencia y en muchos casos roza la negligencia profesional. Es casi inexplicable, encontrar en el ámbito social  profesionales con muy poca empatía, cargados de prejuicios, reacios a compartir diagnósticos y estrategias, casi nula sistematización de las intervenciones, con estrategias paternalistas y coercitivas, y con muy poca esperanza en el trabajo en red.

Por supuesto, que hay profesionales que si son rigurosos y comprometidos con su trabajo en beneficio de los menores, pero desgraciadamente no siempre es así.

Otra dificultad recurrente es la poca implicación de varios Servicios Sociales de la Part Forana para volcar recursos( becas de libros, comedor, guardería, actividades de ocio, comida) dirigidos a niños que sufren negligencias parentales y que sin duda permitirían atenuar situaciones de riesgo social y sus consecuencias dolorosas.

Respecto a las familias, la mayor dificultad reside en la cronificacion de las problemáticas que dificultan mucho conseguir un buen proceso socioeducativo.

También es complicado trabajar con familias a las que se les impone la figura del educador familiar, mas como una figura de control que como una figura profesional de ayuda.

Por último, otra dificultad complicada de revertir es la intervención con padres que sufren problemas de salud mental sin tratamiento terapéutico.

-          ¿Si fueras la administración, que medidas impulsarías para mejorar la situación de las familias?, sobre todo aquellas con las que trabajas?

Volcar recursos preventivos que disminuyan el impacto de situaciones de exclusión social es lo más efectivo y eficiente en beneficio de disminuir el sufrimiento de los niños. Atacar las problemáticas cuando ya están cronificadas es más costoso, perpetúa el sufrimiento y hacen muy difícil revertir situaciones de riesgo social.

Recursos, genuinos y planificados, relacionados con la alimentación, la atención de salud física y mental, la escolarización y el tiempo de ocio recreativo, deportivo y artístico seguramente serian más efectivos en garantizar un buen desarrollo en la infancia.

-          ¿A la hora de realizar un trabajo socioeducativo, cuales son los aspectos más importantes a tener en cuenta a la hora de trabajar con una familia?

Facilitar un proceso donde sea la familia la protagonista de su propio proceso de cambio, rescatar sus potencialidades, positivar, motivar y por supuesto contar con su voluntariedad en la intervención socioeducativa.

También, siempre hay que valorar el grado de sufrimiento padecido por los niños, por qué suelen ser procesos largos y que en algunos casos es mejor preservar a los niños fuera del hogar familiar.

-          ¿Como está afectando la crisis a las familias?

Las consecuencias de la crisis se hacen más evidentes en nuestro ámbito de intervención. A la ya histórica exclusión social se suma un sentimiento de abatimiento y desesperanza.

Muchos padres se hunden en profundas depresiones y sus hijos padecen severas privaciones que van desde una alimentación inadecuada, entornos conflictivos y un sentimiento de desgana total.

-          Para finalizar, ¿Qué es lo que te gusta más y lo que menos de tu trabajo?

Lo que más me gusta es el trato directo con la gente, el aprendizaje constante que implica nuestra práctica profesional y la relación de ida y vuelta que se suele establecer con las familias, la cercanía, el afecto y el compromiso.

Lo que menos me agrada es enfrentarme a diario con el sufrimiento infantil y el desgaste emocional que en ocasiones suele abordarnos.

Por último, es un poco agotador conducir una media de 120 kilómetros por día para visitar a las familias repartidas por toda la isla.